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Sombra II. Integración psicológica de la sombra. El Self/Yo transpersonal. El Ego, vehículo necesario para la expresión del Self/Yo transpersonal (integración personalidad + inconsciente) y de todo ser humano. Individuación. Autorrealización (A.Maslow) 

“La Sombra, yo y el espíritu”, Michael Daniels, Kairós 2005

La Psicología Transpersonal se ocupa del estudio de aquellos estados y procesos en los que las personas experimentan una profunda sensación de ser quienes son, tal vez un hondo sentido de conexión con los demaá, con la naturaleza, con la dimensión espiritual o aquellos procesos con rasgos de individuación (camino a la autorrealización) que pasan por la sombra. Tras el trabajo pionero de pensadores tan reconocidos como C.G. Jung, A. Maslow o S. Grof, este enfoque cuenta cada vez con un mayor reconocimiento de la comunidad científica.

En Sombra, Yo y Espíritu”, (Kairós, 2005), Michael Daniels reúne los últimos estudios sobre Psicología Transpersonal y ofrece un material que será de enorme valor para estudiantes a la vez que muy accesible para quienes esten interesados en la dimensión espiritual de la experiencia humana. El autor traza un completísimo mapa del estado actual de este campo de la psicología a través de un analísis comparativo de los principales enfoques y teóricos transpersonales. De este modo, el libro ofrece una panorámica exhaustiva y actualizada de la Psicología Transpersonal e indaga en sus posibles lineas de desarrollo.

Michael Daniels ha sido profesor de Psicología y co-director hasta 2010 de la Unidad de Investigación en Conciencia y Psicología Transpersonal de la Universidad John Moores de Liverpool. Es miembro del consejo editorial de Transpersonal Psychology Review (Revista de la Sección Británica de Psicología Transpersonal Sociedad Psicológica) y de Internacional Journal of Transpersonal Studies. de la

Daniels es el autor de dos libros y más de 30 artículos en revistas especializadas y capítulos de libros sobre los métodos de observación, la auto-realización , la teoría de desarrollo moral , la psicología de la sombra y del mal , la psicología junguiana y transpersonal , la teoría de la experiencia mística.

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“El inconsciente está emergiendo continuamente”, entrevista   a Manuel Almendro, Psicólogo Transpersonal

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“Aún una vida feliz no es factible sin una medida de oscuridad, y la palabra felicidad perdería su sentido si no estuviera balanceada con la tristeza. Es mucho mejor tomar las cosas como vienen, con paciencia y ecuanimidad”. C.Jung

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Nota: El siguiente es un muy acertado documento que he hallado en la red, aunque no tiene en cuenta otros factores (*), (los *  que he añadido son algunas discrepancias propias… los procesos son algo muy individual y no son matemáticas rígidas).

LA SOMBRA Y SU INTEGRACIÓN PSICOLÓGICA

por Ángel Almazán De Gracia

En el proceso de individuación de la psicología de Carl Gustav Jung se tiende hacia el centro superior de la psique, es decir, al Sí-Mismo (Self), y para ello el Yo (Ego), nuestra conciencia o consciencia*, va ampliando su autoconocimiento e integrando los diversos arquetipos que configurarán su personalidad total.
“El primer arquetipo que debe”* ser integrado es lo que Jung denominó con el nombre de sombra. Esto supone comenzar conscientemente el proceso de individuación reconociendo y vivenciando los contenidos de nuestro inconsciente personal. Percibir la sombra es como mirarse en un espejo que nos muestra los recovecos de nuestro inconsciente personal, y, por lo tanto, aceptar la sombra es aceptar el “ser inferior” que habita en nuestro interior.

La sombra que todavía no ha sido integrada en la conciencia origina multitud de proyecciones. La sombra proyectada es la causante de la gran mayoría de los actos cotidianos en los que la intercomunicación es obstruida por “ruidos” psíquicos. Acusar a los demás de defectos que anidan en nuestro interior y que no nos gusta reconocerlos como tales:

“Cuando un individuo hace un intento para ver su sombra, se da cuenta (y a veces se avergüenza) de cualidades e impulsos que niega en sí mismo, pero que puede ver claramente en otras personas, cosas tales como egotismo, pereza mental y sensiblería; fantasías, planes e intrigas irreales; negligencia y cobardía; apetíto desordenado de dinero y posesiones…” (1).

La sombra, además de este tipo de omisiones presenta también una faceta que se manifiesta en actos reflejos impulsivos (2):

“Antes de que se tenga tiempo de pensarlo, el comentario avieso estalla, surge el plan, se realiza la dicisión errónea, y nos enfrentamos con resultados que jamás pretendimos o deseamos conscientemente”.

La sombra impulsa al ser humano al “contagio colectivo”, a la psicología de masas y a las actuaciones del hombre-masa (3):

Cuando un hombre está sólo, por ejemplo, se siente relativamente bien; pero tan pronto como “los otros” hacen cosas oscuras, primitivas, comienza a temer que si no se une a ellos le considerarán tonto. Así es que deja paso a impulsos que, realmente, no le pertenecen. Es particularmente en contacto con la gente del mismo sexo cuando una persona se tambalea entre su propia sombra y la de los demás. Aunque si vemos la sombra en una persona del sexo opuesto, generalmente nos molesta mucho menos y estamos más dispuestos a perdonar”.

La sombra se personifica, por tanto, en personas del mismo sexo, tanto en sueños como en los mitos y manifestaciones artísticas. Suele personificarse como una persona primitiva inferior, “como alguien que tiene cualidades desagradables o que nos molesta” (4).

La sombra es también la causante de muchísimos conflictos políticos, sociales y religiosos; la agitación política por ejemplo, está llena de proyecciones de la sombra en el enemigo o el traidor (5):

“La agitación política en todos los países está llena de proyecciones, en gran parte parecidas a las cotilleos de vecindad entre grupos pequeños e individuos. Las proyecciones de todo tipo oscurecen nuestra visión respecto al prójimo, destruyen su objetividad, y de ese modo destruyen también toda posibilidad de auténticas relaciones humanas”.

La represión que nuestra “función superior” (la función psicológica más imperante en nuestro Yo consciente de las cuatro posibles: intuir, pensar, sentir y percibir) y nuestra tipología psicológica (introvertido o extravertido) lleva a cabo con todo aquello que no se ajusta a ellas origina un incremento de energía psíquica en la sombra, con lo cual ésta se torna más negativa. La misión de ser humano es integrar este “hermano oscuro” y dejar de creer que somos mejores que los demás, siendo conveniente no intentar reprimir totalmente (*) la sombra.

La sombra personifica al inconsciente personal pero también es una componente arquetípica ya que todos los seres humanos portan consigo una sombra, un “aspecto sombrío” que actua mediante la proyección de contenidos del inconsciente personal. Estas proyecciones conforman un comportamiento arquetípico que configura a la sombra como un fenómeno colectivo. Además la sombra, como arquetipo, se encuentra vinculada al mal; por ello, el aspecto colectivo de la sombra ha sido personificado en las figuras de los demonios, brujas y brujos, Satán, Mefistófeles, cábiros, faunos, etc.

Pero la sombra es algo consustancial al individuo, ya que la propia naturaleza del mundo implica que exista luz y exista oscuridad. La fuerza de la sombra no sólo actúa negativamente sino también positivamente (6):

“La sombra no sólo consiste en tendencias moralmente desechable sino que muestra también una serie de cualidades buenas, a saber: instintos normales, reacciones adecuadas, percepciones fieles a la realidad, impulsos creadores, etc“.

Por ello, la integración de la sombra es un auténtico conflicto moral pues la confrontación con la sombra supone tener “conciencia crítica despiadada del propio ser” (7):

“Que la sombra se convierta en nuestro amigo o en nuestro enemigo depende en gran parte de nosotros mismos… La sombra no es siempre, y necesariamente, un contrincante. De hecho es exactamente igual a cualquier ser humano con el cual tenemos que entendernos, a veces cediendo, a veces resistiendo, a veces mostrando amor, según lo requiera la situación. La sombra se hace hostil sólo cuando (*) es desdeñada o mal comprendida ” (8).

“Si la figura de la sombra contiene valiosas fuerzas, y fuerzas vitales, tienen que ser asimiladas a experiencias efectivas y no reprimidas. Corresponde al Yo-ego renunciar a su orgullo y fatuidad y vivir conforme a algo que parece oscuro, pero que, en realidad, puede no serlo. Esto ha de requerir un sacrificio tan heroico como la conquista de la pasión pero en sentido opuesto (*) ” (9).

El conflicto surge debido a que, en principio, la misma sombra ignora el Yo-ego si un impulso de la sombra es positivo o negativo. Este es uno de los problemas más conflictivos del proceso de individuación en esta primera fase del camino de la integración de los arquetipos y de la búsqueda del Sí-Mismo/self. “El reconocimiento de la sombra predispone a la modestia y hasta al temor a la esencia insondable del ser humano” (10). Con el reconocimiento de la sombra el individuo comienza, consecuentemente, a relacionarse con los demás de otra forma (11):

“Todavía hoy debemos tener sumo cuidado para no proyectar nuestra propia sombra de un modo harto vergonzoso, y estamos como inundados por ilusiones proyectadas. Al representarse a una persona suficientemente valiente como para desprenderse por entero de toda proyección piénsase en un individuo consciente de poseer una sombra considerable. Tal hombre se ha cargado de nuevos problemas y conflictos; se ha convertido en tarea seria para sí mismo (*), dado que no puede decir ya que son los otros quienes hacen tal o cual cosa, ni que son ellos los culpables, y que hay que combatirlos. Vive en la “casa del autoconocimiento, de la concentración íntima. Sea cual fuera la cosa que ande mal en el mundo,este hombre sabe que igual ocurre también dentro de él mismo y si aprende solo a “componérselas” con su sombra habrá hecho en verdad algo para el mundo. Habrá logrado entonces dar respuesta a una ínfima parte, al menos, de los enormes problemas que se plantean en el presente, buena parte de los cuales oponen tantas dificultades en razón de hallarse como envenenados por las mutuas proyecciones. ¿Y podrá ver claramente quien no se ve a sí mismo ni aquellas oscuridades que, inconscientemente, está transfiriendo en todas sus acciones?

La cita es larga pero sustancial. Se precisa una decisión moral considerable para confrontarse, reconocerse, admitir e integrar a la sombra con el Yo-ego. El mismo Jung advierte que “vivir consigo mismo requiere una serie de virtudes cristianas que cada uno debe aplicar a la propia persona, o sea, paciencia, amor, fe, esperanza y humildad” (12). La tolerancia es, pues, una virtud que primero debe aplicarse uno consigo mismo y después con los demás.

Por todo lo comentado se deduce que el encuentro con la sombra coincide en muchas personas con la concienciación del tipo de función pricológica y actitud tipológica al que pertenece ya que las funciones indiferenciadas y la actitud psicológica reprimida conforman parte de nuestra.sombra. Su desarrollo, por tanto, va ligado al Yo.ego y actúa de forma complementaria o compensatoria con respecto a la conciencia mientras no se es consciente de dicha sombra (13).

NOTAS:
1.- VON FRANZ, Marie Louise, en el libro de Jung y otros autores, “El Hombre y sus Símbolos”, Ed. Aguilar, Madrid, 2ª edición, pág. 168.

2.- Opus cit, pág. 169. Por tanto, como indica Jolande JACOBI (“La Psicología de C.G. Jung”, Ed. Espasa y Calpe, Madrid, 1963, págs 168-169): “Uno puede encontrar su sombra sobre todo en las proyecciones erróneas o cuando afloran en nosotros peculiaridades que solemos reprimir y dominar, pero también en una figura exterior concreta. En el primer caso aparece en el material del inconsciente como una figura del sueño que representa, personificadas, una o varias peculiaridades psíquicas del que sueña; en el segundo es una persona del mundo en torno a la cual, por ciertas razones estructurales se centraliza, siendo portadora proyectiva de esa o esas peculiaridades ocultas en el inconsciente.

Es en nosotros mismos, precisamente, donde con mayor frecuencia y con mayor realidad percibimos las cualidades de la sombra, siempre que estemos dispuestos a reconocer que nos pertenecen; así, por ejemplo, cuando nos sobreviene una explosión de rabia; cuando bruscamente comenzamos a maldecir o a conducirnos groseramente; cuando, del todo en contra de nuestra voluntad, actuamos de un modo antisocial; cuando nos comportamos ruinmente con mezquindad, o aparecemos coléricos, cobardes, frívolos o hipócritas: entonces desplegamos cualidades que en circunstancias ordinarias ocultamos o reprimimos cuidadosamente y cuya existencia nosotros (todos)  mismos ignoramos (*) “.

3.- Opus cit, pág. 169.

4.- FORDHAM, Frieda: “Introducción a la Psicología de Jung”, Ed. Morata, Madrid, 1968.

Quizás sea necesario insistir sobre los contenidos y particularidades de la sombra a fin de tener bien claro lo que se intenta expresar con este termino. Para ello recurriremos a diferentes definiciones diversas sobre la sombra:

A) “La sombra es la parte inferior de la personalidad. La suma de todas las disposiciones psiquicas personales y colectivas, que no son vividas a causa de su incompatibilidad con la forma de vida elegida conscientemente y se constituyen en una personalidad parcial relativamente autónoma en el inconsciente con tendencias antagónicas.

La sombra se comporta respecto a la consciencia como compensadora, su influencia, pues, puede ser tanto negativa como positiva. La omisión y la supresión de la sombra, así como la identificación (*) del Yo-ego con ella, puede llevar a desdoblamientos peligrosos. Puesto que la sombra está próxima al mundo de los instintos es indispensable tenerla en cuenta constantemente” ( JUNG: “Recuerdos, sueños y pensamientos”, Seix Barral, 1981, pág 419)

B) “La figura de la sombra personifica todo lo que el sujeto no reconoce (*) y lo que, sin embargo, una y otra vez le fuerza indirecta o indirectamente, así, por ejemplo, rasgos de carácter de valor inferior y demás tendencias irreconciliables.” ( JUNG, ibiden).

C) “Bajo el aspecto individual la sombra es para lo oscuro personal como la personificación de los contenidos de nuestra psique que a través de la vida no hemos admitido, hemos arrojado o reprimido y que, en ciertas circunstancias pueden tener también un carácter positivo. Bajo el aspecto colectivo representan la parte oscura de lo colectivo-humano, la disposición estructural que yace en lo íntimo de todo ser humano para lo inferior y lo oscuro”. (Jolande JACOBI, opus cit., pág 170).

5.- VON FRANZ, opus cit., pág. 172.

6.- JUNG, C.G.: “Recuerdos, Sueños…”, opus cit., pág. 420.

7.- JAGOBI, Jolande, opus cit., pág 172.

La integración de la sombra supone , tal y como nos indicó el simbólogo junguiano Juan GARCIA FONT, en conversación privada, un “no tomarse demasiado en serio”, lo que está unido al humor para consigo mismo. Hay que burlarse un poco de uno mismo y de lo que uno considera importante, pero ¡cuidado..! no hay que desvalorarlo: “Podemos estar hablando de cosas muy serias, pero estando al mismo tiempo en una actitud humorístíca. En la medida en que se establece un diálogo con la sombra se establece un primer grado de integración. Lo cual se traduce inmediatamente en el lenguaje. Hay un lenguaje de la sombra: el de la inspiración. Nosotros utilizamos en la comunicación una sintaxis convencional, social; mas sucede entonces que esta ordenación del discurso ahoga la sombra. Y como la sombra es el ser travieso, el ser que goza con el equívoco y que, en un momento, dado rompe la estructura establecida. Así, el poeta, al ser un distorsionador del lenguaje, destroza significados para alcanzar un superior sentido y ésto le permite dialogar con la sombra. Un ejemplo sencillo de este lenguaje de la sombra sería el siguiente: todos hemos oído ese refrán que dice “Tanto va el cantaro a la fuente que al final se rompe” pues bien, la sombra diría algo así: “Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se llena”. Este humor que abre ventanas a la inspiracion es una forma de integrar a la sombra. Y de esta manera se vitaliza; el espíritu penetra en la palabra. Por ello, en la medida que la sombra penetra en el discurso y la activa, la carga de energía, y se produce un paso en la integración“.

8.- VON FRANZ, opus cit., pág 175.

9.- VON FRANZ, opus cit., pág 177.

10.- JUNG, “Psicología de la Transferencia”, Ed. Paidós, Buenos Aires, 4ª edición, 1978, pág 103.

11.- JUNG, “Psicología y Religión”, Ed. Paidós, Barcelona, 1981, pág 135.

12.- JUNG, “Psicología de la Transferencia”, opus cit., pág 170.

13.- JACOBI, Jolande, opus cit., págs 167-168.

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C.G. Jung designó cómo “ Sombra” a todos los aspectos ocultos o inconscientes de uno mismo, tanto positivos cómo negativos, que el ego ha reprimido o nunca ha reconocido.

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Debe quedar en claro que no hay un entorno que nos marque, nos moldee, influya en nosotros o nos haga enfermar: el entorno hace las veces de espejo en que sólo nos vemos a nosotros mismos y también, desde luego y muy especialmente a nuestra sombra, a la que no podemos ver en nosotros.
Del mismo modo, que para ver ciertas partes de nuestro cuerpo necesitamos del reflejo de un espejo,  también para nuestra mente padecemos de una ceguera parcial y sólo podemos reconocer la parte que nos es invisible, “la sombra”, a través de su proyección y reflejo en el llamado entorno o mundo exterior.

El reconocimiento necesita de la polaridad, el reflejo en pero, sólo sirve de algo a aquel que se reconoce  en el espejo: de lo contrario se convierte en una ilusión. (Lily & Pato)

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“Lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino…” C. Jung
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Retales del libro “ENCUENTRO CON LA SOMBRA” – El poder del lado oculto de la naturaleza humana. Edición a cargo de Connie Zweig y Jeremiah Abrams

PRÓLOGO – Connie Zweig

Dra. Connie Zweig, terapeuta de orientación juguiniana, conocida como la “Experta de la Sombra”

En la mitad de mi vida descubrí mis propios demonios. A partir de ese momento gran parte de lo que hasta entonces  había considerado como positivo se convirtió en una maldición. El anchuroso camino se estrechó, la luz se ensombreció y, en la oscuridad de las tinieblas, mi santo -tan repeinado y bien educado- tropezó con mi pecador.

Mi vida pareció desbaratarse de repente. Todo lo que hasta entonces había sido una realidad incuestionable se vino abajo como un tigre de papel arrastrado por el viento. Sentía que estaba convirtiéndome en lo que nunca había sido y todo lo que tanto me había esforzado en construir perdió su sentido. La madeja de la historia de mi vida comenzó a desenredarse y todo aquello que hasta ese momento había descuidado y menospreciado brotó de mi interior como si se tratara de otra vida -aunque también mía-, mi imagen especular, mi invisible gemelo. Entonces  pude   comprender  porque  hay gente  que   enloquece…

En esa época recordé haber leído en algún lugar la historia de aquel juez que, poco antes de condenar a muerte a un asesino, reconoce en los ojos del condenado sus propios impulsos criminales.

De este modo, los aspectos más lóbregos y criminales de mi ser se hicieron patentes pero, en lugar de condenarlos a muerte y relegarlos de nuevo a las profundidades del reino de la oscuridad, decidí intentar afrontarlos y reorganizar mi vida.

Para ello, durante la elaboración de este libro viajé a Bali , donde la lucha entre el bien y el mal constituye el tema central de cualquier danza y de cualquier espectáculo de sombras chinescas. Existe incluso un ritual de iniciación en el que, a los diecisiete años, los balineses liman sus colmillos para exorcisar los demonios de la ira, los celos , el orgullo y la avaricia después del cual el individuo se siente purificado y renovado.


¿Cómo puede haber tanta maldad en el mundo? Conociendo a la humanidad lo que me asombra es que no haya más .Woody Allen, Hannah y sus hermanas.

Introducción a la sombra

La sombra personal se desarrolla en todos nosotros de manera natural durante la infancia. Cuando nos identificamos con determinados rasgos ideales de nuestra personalidad -como la buena educación y la generosidad, por ejemplo, cualidades que, por otra parte, son reforzadas sistemáticamente por el entorno que nos rodea- vamos configurando lo que W. Brugh Joy llama el Yo de las “Resoluciones de Año Nuevo”.
No obstante, al mismo tiempo, vamos desterrando también a la sombra aquellas otras cualidades que no se adecuan a nuestra imagen ideal -como la grosería y el egoísmo, por ejemplo-. De esta manera , el ego y la sombra se van edificándo simultáneamente, allí mentándose, por así decirlo, de la misma experiencia vital.
Carl G. Jung descubrió la indisolubilidad del ego y de la sombra en un sueño que recoge en su autobiografía “Recuerdos, Sueños, Pensamientos“:

Era de noche y me hallaba en algún lugar desconocido avanzando lenta y penosamente en medio de un poderoso vendaval.
La niebla lo cubría todo. Yo sostenía y protegía con las manos una débil lucecilla que
amenazaba con apagarse en cualquier momento. Todo parecía depender de que consiguiera mantener viva esa luz.
De repente tuve la sensación de que algo me seguía. Entonces me giré y descubrí una enorme figura negra que avanzaba tras de mí. A pesar del terror que experimenté no dejé de ser consciente en todo momento de que debía proteger la luz a través de la noche y la tormenta.Cuando desperté me di cuenta de inmediato de que la figura que había visto en sueños era mi sombra, la sombra de mi propio cuerpo iluminado por la luz recortándose en la niebla. También sabía que esa luz era mi conciencia, la única luz que poseo, una luz infinitamente más pequeña y frágil que el poder de las tinieblas pero, al fin y al cabo, una luz, mi única luz.

 

Son muchas las fuerzas que coadyuvan a la formación de nuestra sombra y determinan lo que está permitido y lo que no lo está. Los padres, los parientes, los maestros, los amigos y los sacerdotes, constituyen un entorno complejo en el que aprendemos lo que es una conducta amable, adecuada y moral y lo que es un comportamiento despreciable, bochornoso y pecador.
La sombra opera como un sistema psíquico autónomo que perfila lo que es el Yo y lo que cree no lo es. Cada cultura -e incluso cada familia-  demarca de manera diferente lo que corresponde al ego y lo que corresponde a la sombra.
En cualquiera de los casos, todos los sentimientos y capacidades rechazados por el ego y desterrados a la sombra alimentan el poder oculto del lado oscuro de la naturaleza humana.

Nosotros no podemos percibir directamente el dominio oculto de la sombra ya que ésta, por su misma naturaleza, resulta difícil de aprehender.  Es imposible estar en ambos lugares al mismo tiempo».
Así pues, sólo podemos ver a la sombra indirectamente a través de los rasgos y las acciones de los demás, sólo podemos darnos cuenta de ella con seguridad fuera de nosotros mismos. Cuando, por ejemplo, nuestra admiración o nuestro rechazo ante una determinada cualidad de un individuo o de un grupo -como la pereza,  la estupidez, la sensualidad o la espiritualidad, pongamos por caso- es desproporcionada, es muy probable que nos hallemos bajo los efectos de la sombra. De este modo, pretendemos expulsar a la sombra de nuestro interior proyectando y atribuyendo determinadas cualidades a los demás en un esfuerzo inconsciente por desterrarlas de nosotros mismos.
La analista junguiana Marie-Louise von Franz ha insinuado que el mecanismo de la proyección se asemeja al hecho de disparar una flecha mágica. Si el receptor tiene un punto débil como para recibir la proyección la flecha da en el blanco. Así, por ejemplo, cuando proyectamos nuestro enfado sobre una pareja insatisfecha, nuestro seductor encanto sobre un atractivo desconocido o nuestras cualidades espirituales sobre un guru, nuestra flecha da en el blanco y la proyección tiene lugar estableciéndose, a partir de entonces se produce un misterioso vínculo entre el emisor y el receptor, cosa que ocurre, por ejemplo, cuando nos enamoramos, cuando descubrimos a un héroe inmaculado o cuando tropezamos con alguien absolutamente despreciable :-p , por ejemplo.
Nuestra sombra personal contiene todo tipo de capacidades potenciales sin manifestar, cualidades que no hemos desarrollado ni expresado. Nuestra sombra personal constituye una parte del inconsciente que complementa al ego y que representa aquella características que nuestra personalidad consciente no desea reconocer y, consecuentemente, repudia, olvida y destierra a las profundidades de su psiquismo sólo para reencontrarlas nuevamente más tarde en los enfrentamientos desagradables con los demás.

El encuentro con la sombra

Pero aunque no podamos contemplarla directamente, la sombra aparece continuamente en nuestra vida cotidiana y podemos descubrirla en el humor (en los chistes sucios o en las payasadas, por ejemplo) que expresan nuestras emociones más ocultas, más bajas o más temidas. Cuando algo nos resulta muy divertido -el resbalón sobre una piel de plátano o el descubrimiento de un tabú corporal-, también nos hallamos en presencia de la sombra. Según John A. Sanford, la sombra suele ser la que ríe y se divierte, por ello es muy probable que quienes carezcan de sentido del humor tengan una sombra muy reprimida.
La psicoanalista inglesa Molly Tuby describe seis modalidades diferentes para descubrir a la sombra en nuestra vida cotidiana:

  • En los sentimientos exagerados respecto de los demás. («¡No puedo creer que hiciera tal cosa!». «¡No comprendo cómo puede llevar esa ropa!»)
  • En el feedback negativo de quienes nos sirven de espejo. (« es la tercera vez que llegas  tarde sin decírmelo. »)
  • En aquellas relaciones en las que provocamos de continuo el mismo efecto perturbador sobre diferentes personas. («Sam y yo creemos que no has sido sincero con nosotros.»)
  • En las acciones impulsivas o inadvertidas. («No quería decir eso.»)
  • En aquellas situaciones en las que nos sentimos humillados. («Me avergüenza su modo de tratarme.»)
  • En los enfados desproporcionados por los errores come tidos por los demás. («¡Nunca hace las cosas a su debido tiempo!» «Realmente no controla para nada su peso.»)

También podemos reconocer la irrupción inesperada de la sombra cuando nos sentimos abrumados por la vergüenza o la cólera o cuando descubrimos que nuestra conducta está fuera de lugar. Pero la sombra suele retroceder con la misma prontitud con la que aparece porque descubrirla puede constituir una amenaza terrible para nuestra propia imagen.

Conócete a ti mismo

En la antigüedad los seres humanos conocían las diversas dimensiones de la sombra: la personal, la colectiva, la familiar y la biológica. En los dinteles de piedra del hoy derruido templo de Apolo en Delfos -construido sobre una de las laderas del monte Parnaso- los sacerdotes  grabaron dos inscripciones, dos preceptos, que han terminado siendo muy famosos y siguen conservando en la actualidad todo su sentido. En el primero de ellos, «Conócete a ti mismo» , los sacerdotes del dios de la luz aconsejaban algo que nos incumbe muy directamente: conócelo todo sobre ti mismo.

LO QUE SABE LA SOMBRA:  partes de una ENTREVISTA CON JOHN A. SANFORD
D. Patrick Miller, incluida en “encuentros con la sombra“, y aquí.

John A. “Jack” Sanford (1929-2005) fue un psicoanalista junguiano y sacerdote.

THE SUN: La afirmación de Jung de que prefería ser «un in dividuo completó antes que una persona buena» puede resultar inquietante y confusa para muchas personas. ¿Por qué cree usted que hay tantas personas que parecen desconocer la estrecha relación entre la maldad y la «bondad excesiva»?

SANFORD: La relación existente entre la sombra y el ego constituye un verdadero problema, un problema que resulta especialmente relevante en la tradición cristiana, donde las diferencias existentes entre el bien y el mal son muy claras. Dios , que es el bien y en la otra el Diablo, que es el mal. Dios castiga el mal porque desea que  el ser humano sea bueno. De acuerdo a ello el Cristianismo ha promovido el modelo ideal de «ser una buena persona». Pero la tradición cristiana original reconocía que el mal se halla dentro de cada uno de nosotros, que la oposición y la discordia forma parte integral de cada uno de nosotros.

Más tarde -como lamentablemente evidencia la historia de la Edad Media – la Iglesia cometió otro error fatal. A partir de entonces no sólo eran malas las acciones sino que también lo eran las fantasías y una persona podía ser considerada mala tan sólo por pensar en malas acciones. A partir de ese momento no sólo era pecado el adulterio si no que también lo era pensar en él. Ambos, por tanto, debían ser confesados y perdonados.
Como resultado de todo ello la gente comenzó a negar y a reprimir su vida imaginaria y la sombra fue relegándose cada vez más al mundo subterráneo. De este modo, poco a poco fue abriéndose un verdadero abismo entre el bien y el mal. …

El éxito de cualquier psicoterapia o confesión religiosa auténtica, o llegar a un acuerdo con uno mismo,  depende de ser totalmente sinceros con nosotros mismos.

THE SUN: ¿Este proceso corre paralelo a la desaparición del elemento femenino?

SANFORD: Efectivamente. Eso es precisamente lo que iba a decir. El elemento masculino ve las cosas bajo la brillante luz del sol, esto es una cosa y aquello es otra completamente diferente. Pero desde el punto de vista femenino, sin embargo, las cosas, que parecen iluminadas por la luz de la luna, se hallan mucho más entremezcladas y no son tan nítidas, de modo que no resulta tan fácil establecer una diferencia rotunda entre ellas. El tema de la sombra, pues, no es, en realidad, tan sencillo como parece a simple vista. No se trata simplemente de diferenciar entre el bien y el mal sino que es algo mucho más sutil y complejo.

El elemento femenino podría habernos ayudado a franquear el abismo que parece existir entre la sombra y el ego. La Iglesia Cristiana —que en sus comienzos pareció abanderar una especie de movimiento feminista— muy pronto terminó convirtiéndose en un adalid del patriarcado. …

THE SUN: Según la analista junguiana Marie-Louise von Franz: «La sombra sumerge al hombre en la inmediatez del aquí y del ahora y de este modo va constelando toda su biografía. Por consiguiente, nuestra inclinación a creer que somos lo que creemos ser es errónea. En realidad es la biografía de la sombra la que cuenta». Esta cita siempre me hace pensar en el desencanto político de nuestra sociedad ya que la biografía que nos muestran los políticos mientras están en campaña nunca es su biografía real.

SANFORD: La biografía que los políticos nos muestran —una biografía laboriosamente elaborada por sus asesores de imagen— es la persona, la máscara. Tras ella se oculta la verdadera realidad de los políticos, una realidad con la que —si nos lo permitiéramos— podríamos convivir perfectamente. A la larga, el hecho de asumir la sombra resulta menos dañino que seguir negándola. Lo que arruinó la carrera política de Gray Hart, por ejemplo, no fue tanto haber tenido alguna que otra aventura amorosa sino más bien el hecho de seguir negándolo cuando la verdad era ya incuestionable. Personalmente hablando, eso me hace suponer que en realidad no quería ser tan brillante.

THE SUN: Pero ¿cómo podríamos especificar la diferencia existente entre lo que nos parece siniestro y lo que realmente es siniestro?

La ignorancia de respuestas a los misterios de la vida, de la naturaleza misma, nos puede.

SANFORD: Aunque su pregunta es muy clara no resulta fácil de responder ya que depende mucho del psiquismo de la persona en cuestión. Cuanto más rígido sea su marco psicológico más cosas le parecerán siniestras. Sólo puedo decir que la expresión de la maldad arquetípica es profundamente perturbadora y conmueve a todo el mundo aunque no consigamos encontrar la respuesta adecuada en el momento oportuno. El mundo, por ejemplo, reaccionó muy lentamente ante las atrocidades cometidas por la Alemania nazi.

La función que Jung denominaba sensación —la aptitud interna que nos capacita para atribuir valor a algo— puede ayudarnos a establecer claramente la diferencia. Esta función —que opera al margen del ego— nos dice lo que es deseable y lo que no lo es. El ego determina lo que está bien y lo que está mal desde el punto de vista de sus propios intereses. Así, lo que tiende a reafirmar nuestro sistema de defensas egocéntrico es bueno y lo que tiende a refutarle es malo. Los puritanos, por ejemplo, consideraban que las enfermedades que contagiaron y diezmaron a los nativos eran buenas e interpretaron ese hecho como una señal divina que les allanaba el camino para la conquista. Obviamente, los indios que perecieron a causa de la viruela tendrían una opinión muy diferente sobre lo que estaba bien y lo que estaba mal.

THE SUN: ¿Cuál es, en su trabajo práctico, el proceso de integración de la sombra?

SANFORD: La primera vez que vemos claramente a la sombra nos quedamos espantados. Entonces algunos de nuestros sistemas de defensa egocéntricos pueden saltar en pedazos o disolverse por completo. El resultado puede ser una depresión temporal o un enturbiamiento de la conciencia. Jung equiparaba el proceso de integración —-al que llamaba individuación— al proceso alquímico, uno de cuyos estadios, melanosis (ennegrecer), implica el ennegrecimiento de todos los componentes alquímicos del crisol. Este estadio, considerado habitualmente por el ser humano como una especie de fracaso, resulta absolutamente esencial y representa, según Jung, el primer contacto con el inconsciente y, por consiguiente, con la sombra.

THE SUN: ¿Es posible quedar atrapado ahí? ¿Es posible quedar condenados a enfrentarnos a la sombra una y otra vez sin llegar a terminar de integrarla?

SANFORD: Creo que no. Para profundizar realmente en la sombra es necesario movilizar lo que Jung denominaba Yo (Self = sí mismo = “Yo transpersonal”) —nuestro centro creativo— y cuando ello ocurre la depresión no puede quedar instalada de manera permanente. Después de eso pueden tener lugar numerosos cambios que asumen aspectos notablemente diferentes según el individuo en cuestión. Entonces comienza a emerger lo que Kunkel denominaba el «centro real» de la personalidad y el ego va estableciendo gradualmente una relación más estrecha con ese centro. Entonces es mucho menos probable que la persona se identifique con el mal porque la integración de la sombra siempre corre pareja a la disolución de la falsa persona. Uno se torna mucho más realista porque ve con más claridad la verdad sobré si mismo y la verdad siempre tiene efectos saludables. No debemos olvidar que la sinceridad constituye la mejor defensa contra el verdadero mal y que dejar de mentirse a uno mismo es el mejor de los amuletos.

THE SUN: ¿Si el ego no es nuestro «verdadero centro» cuál es entonces éste?

SANFORD: Lo que distingue al enfoque junguiano de cualquier otra visión psicológica es la idea de que existen dos centros de la personalidad, el ego -que constituye el centro de la conciencia – y el Yo/Self  – el centro de la personalidad global (que incluye la conciencia, el inconsciente y el ego). El Yo/Self es, al mismo tiempo, la Totalidad y el centro mientras que el ego  es un pequeño círculo excéntrico contenido dentro de la totalidad. También podríamos decir que el ego es el centro menor de la personalidad y que el Yo/Self/Sí mismo, en cambio es su centro mayor.
En los sueños podemos advertir más claramente esta relación. En nuestra vida vigílica el ego es como el Sol que todo lo ilumina pero que también eclipsa las estrellas. No terminamos de darnos cuenta de que nosotros no somos los creadores de los contenidos del ego consciente sino que éstos surgen de otro lugar sin participación consciente de nuestra parte. El ego prefiere creer que es el artífice de todos nuestros pensamientos pero, aunque no nos percatemos de ello, continuamente nos hallamos bajo la influencia del inconsciente.

THE SUN: Aunque en vigilia admito a regañadientes la idea de sombra, en sueños, sin embargo, me resulta algo mucho más real y poderoso que una simple idea. En ocasiones hasta podría llegar a decir que me convierto en la sombra, como si yo formara parte de ella.

SANFORD: En efecto, en el sueño la constituye un sistema energético tan poderoso —al menos— como el ego. En el ámbito del sueño los elementos del psiquismo son menos diferentes que en vigilia y el ego onírico puede observarlos, convertirse en ellos o ubicarse en un estado intermedio entre las dos posiciones anteriores.

La sombra es siempre un aspecto del ego y sus cualidades pueden haber formado parte de su estructura. También podríamos decir que la sombra es algo así como el hermano —o la hermana— del ego y no necesariamente una figura siniestra. Por último, también es importante recordar que la sombra siempre tiene motivos para hacer lo que hace, motivos relacionados con alguna cualidad reprimida del ego. No es nada habitual que en sueños nos convirtamos en la sombra, es mucho más probable, en cambio, que el ego onírico observe las transformaciones que asume la sombra durante el sueño.

THE SUN: Supongo que es mucho más seguro identificarse con la sombra en un sueño que en la vida vigílica.

SANFORD: Bien, de nuevo nos encontramos con el tema de las sutilezas de la sombra. En este punto sigo más a Kunkel que a Jung. La idea es que el ego se halla originalmente muy próximo al centro del Yo/Self y que, en la medida en que se aleja de él, desarrolla una actitud egocéntrica que suele verse exacerbada por tendencias infantiles desfavorables cuya naturaleza termina determinando las peculiaridades de nuestras defensas egocéntricas y, por consiguiente, las características de la misma sombra.

THE SUN: ¿Es imposible llegar a ser el «Yo/Self» sin el vehículo integrado del ego?

SANFORD: Correcto. El ego es el vehículo necesario para la expresión del Yo/Self pero debemos estar dispuestos a hacer lo necesario para ponerlo en su lugar.

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Jung llegó a concluir que los complejos son como pequeñas personalidades disgregadas dentro de la personalidad total. En un principio, Jung, bajo la influencia de Freud, creía que los complejos debían originarse en experiencias traumáticas de la primera infancia. Con el tiempo, llegó a la conclusión de que estos complejos se originaban en una instancia mucho más profunda y universal a la que denominó “inconsciente colectivo“.

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Comentarios respecto el libro “La enfermedad y la sombra”, del Lic. Alejandro Quiroga

Siguiendo los lineamientos teorizados por Carl Gustav Jung, todas aquellas cualidades que no queremos albergar en nuestra identidad conforman nuestra “sombra“. La sombra sería una especie de suma o conjunto de todas las cualidades que el yo (ego) no acepta o no reconoce en sí mismo.

Es razonable pensar que el mostrarse sereno en muchos momentos de la vida no implica que esa persona no se irrite en otros. Pero el yo (ego) no siempre es tan razonable. Y así es que se identifica con el atributo de la “serenidad” y expulsa hacia fuera (rechaza)  la cualidad “irritable”.

Según los médicos Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke, los síntomas son partes de nuestra sombra que se nos manifiestan en el cuerpo. La sombra psicológica se corporaliza, a través del síntoma.

El síntoma, pensado de este modo, es integrador; nos impone enfrentarnos con cierta realidad que no queremos ver. Ante un síntoma corporal el ego se ve forzado a aceptar la particularidad rechazada. Lo que negamos en nosotros mismos (nuestra sombra) se nos presenta una y otra vez de diversos modos; a través de otras personas en quienes vemos proyectada nuestra sombra o, también, mediante síntomas somáticos.

La mayoría de las personas suelen presentar resistencia a hablar con franqueza de sus problemas más privados; en cambio, el síntoma delata, revela, sincera. El síntoma devuelve aquella característica de la que el ego quiso desentenderse. La enfermedad vuelve sinceras a las personas. Las vuelve sinceras contra su voluntad; o al menos, contra la voluntad del ego. La enfermedad desenmascara al ego; desinfla su soberbia, lo despoja de su ilusión de entereza.

Pero la evidencia de que el postulado de los doctores Dethlefsen y Dahlke  no sea válido para todos los casos no tiene por qué invalidarlo. No por ello deja de ser un abordaje legítimo en algunas personas y en algunas circunstancias. Por ello, sigamos abiertos…

En el libro “La enfermedad como camino” estos autores ejemplifican, a través de analizar las dolencias físicas más comunes, la posibilidad que nos dan los síntomas de descubrirnos a nosotros mismos.

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“La autorrealización es crecimiento intrínseco de lo que ya está dentro del organismo o, para ser más precisos, de lo que el organismo es él mismo”. Abraham Maslow

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La sombrapor T. Dethlefsen, y R.Dahlke (“La enfermedad como camino”), del portal gestaltceres.

Cada identificación que se basa en una decisión descarta un polo. Ahora bien, todo lo que nosotros no queremos ser, lo que no queremos admitir en nuestra identidad, forma nuestro negativo, nuestra «sombra». Porque el repudio de la mitad de las posibilidades no las hace desaparecer sino que sólo las destierra de la identificación o de la conciencia.

El «no» ha quitado de nuestra vista un polo, pero no lo ha eliminado. El polo descartado vive desde ahora en la sombra de nuestra conciencia. Del mismo modo que los niños

“La enfermedad como camino”, Ed. Debolsillo 2009, Thorwald Dethlefsen y Dahlke Rudiger

creen que cerrando los ojos se hacen invisibles, las personas imaginan que es posible librarse de la mitad de la realidad por el procedimiento de no reconocerse en ella. Y se deja que un polo (por ejemplo, la laboriosidad) salga a la luz de la conciencia mientras que el contrario (la pereza) tiene que permanecer en la oscuridad donde uno no lo vea. El no ver se considera tanto como no tener y se cree que lo uno puede existir sin lo otro.
Llamamos sombra (en la acepción que da a la palabra C. G. Jung) a la suma de todas las facetas de la realidad que el individuo no reconoce o no quiere reconocer en sí y que, por consiguiente, descarta. La sombra es el mayor enemigo del ser humano: la tiene y no sabe que la tiene, ni la conoce. La sombra hace que todos los propósitos y los afanes del ser humano le reporten, en última instancia, lo contrario de lo que él perseguía. El ser humano proyecta en un mal anónimo que existe en el mundo todas las manifestaciones que salen de su sombra porque tiene miedo de encontrar en sí mismo la verdadera fuente de toda desgracia. Todo lo que el ser humano rechaza pasa a su sombra que es la suma de todo lo que él no quiere. Ahora bien, la negativa a afrontar y asumir una parte de la realidad no conduce al éxito deseado. Por el contrario, el ser humano tiene que ocuparse muy especialmente de los aspectos de la realidad que ha rechazado. Esto suele suceder a través de la proyección, ya que cuando uno rechaza en su interior un principio determinado, cada vez que lo encuentre en el mundo exterior desencadenará en él una reacción de angustia y repudio.

… En la filosofía hermética (mística) esta ecuación entre mundo exterior y mundo interior o entre individuo y Cosmos se expresa con los términos: microcosmos = macrocosmos.

Nuestra sombra nos angustia. No es de extrañar, por cuanto que está formada exclusivamente por aquellos componentes de la realidad que nosotros hemos repudiado, los que menos queremos asumir. La sombra es la suma de todo lo que estamos firmemente convencidos que tendría que desterrarse del mundo, para que éste fuera santo y bueno. Pero lo que ocurre es todo lo contrario: la sombra contiene todo aquello que falta en el mundo —en nuestro mundo— para que sea santo y bueno.

La sombra produce la enfermedad, y el encararse con la sombra cura. Ésta es la clave para la comprensión de la enfermedad y la curación. Un síntoma siempre es una parte de sombra que se ha introducido en la materia. Por el síntoma se manifiesta aquello que falta al ser humano. Por el síntoma el ser humano experimenta aquello que no ha querido experimentar conscientemente. El síntoma, valiéndose del cuerpo, reintegra la plenitud al ser humano. Es el principio de complementariedad lo que, en última instancia, impide que el ser humano deje de estar sano. Si una persona se niega a asumir conscientemente un principio, este principio se introduce en el cuerpo y se manifiesta en forma de síntoma. Entonces el individuo no tiene más remedio que asumir el principio rechazado. Por lo tanto, el síntoma completa al hombre, es el sucedáneo físico de aquello que falta en el alma.

En realidad, el síntoma indica lo que le «falta» al paciente, porque el síntoma es el principio ausente que se hace material y visible en el cuerpo. No es de extrañar que nos gusten tan poco nuestros síntomas, ya que nos obligan a asumir aquellos principios que nosotros repudiamos. Y entonces proseguimos nuestra lucha contra los síntomas, sin aprovechar la oportunidad que se nos brinda de utilizarlos para completarnos. Precisamente en el síntoma podemos aprender a reconocernos, podemos ver esas partes de nuestra alma que nunca descubriríamos en nosotros, puesto que están en la sombra. Nuestro cuerpo es espejo de nuestra alma; él nos muestra aquello que el alma no puede reconocer más que por su reflejo. Pero, ¿de qué sirve el espejo, por bueno que sea, si nosotros no nos reconocemos en la imagen que vemos? Este libro pretende ayudar a desarrollar esa visión que necesitamos para descubrirnos a nosotros mismos en el síntoma.

La mayoría de la gente tiene dificultades para hablar de sus problemas más íntimos (suponiendo que los conozca siquiera) de forma franca y espontánea; los síntomas, por el contrario, los explican con todo detalle a la menor ocasión. Desde luego, es imposible descubrir con más detalle la propia personalidad. La enfermedad hace sincera a la gente y descubre implacablemente el fondo del alma que se mantenía escondido. Esta sinceridad (forzosa) es sin duda lo que provoca la simpatía que sentimos hacia el enfermo. La sinceridad lo hace simpático, porque en la enfermedad física se es auténtico. La enfermedad deshace todos los sesgos y restituye al ser humano al centro de equilibrio. Entonces, bruscamente, se deshincha el ego, se abandonan las pretensiones de poder, se destruyen muchas ilusiones y se cuestionan formas de vida. La sinceridad posee su propia hermosura, que se refleja en el enfermo.

En resumen:  Cada decisión divide la polaridad en parte aceptada y polo rechazado. La parte aceptada se traduce en la conducta y es asumida conscientemente. El polo rechazado pasa a la sombra y reclama nuestra atención presentándosenos aparentemente procedente del exterior. Una forma frecuente y específica de esta ley general es la enfermedad, por la cual una parte de la sombra se proyecta en el físico y se manifiesta como síntoma. El síntoma nos obliga a asumir conscientemente el principio rechazado y con ello devuelve el equilibrio al ser humano. El síntoma es concreción somática de lo que nos falta en la conciencia. El síntoma, al hacer aflorar elementos reprimidos, hace sinceros a los seres humanos.

Fuente: Dethlefsen, T. y Dahlke, R. La enfermedad como camino. Capítulo III. Ed. Debolsillo.

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Vale la pena pasar por este proceso de llegar a un acuerdo con “El Otro” que hay en nosotros, por que así logramos conocer aspectos de nuestra naturaleza que no aceptaríamos, que nadie nos mostrará, y que nosotros mismos jamás admitiríamos. C.G. Jung.

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Individuación y autorrealización (A.Maslow)

Individuaciónprincipio de individuación o proceso de individuación (Principium individuationis) es definido desde la psicología analítica de Carl Gustav Jung como «aquel proceso que engendra un individuo psicológico, es decir, una unidad aparte, indivisible, un Todo». Existe un concepto genérico y antecedente perteneciente a la ontología e historia de la filosofía denominado a su vez principio de individuación.

Individuación significa llegar a ser un individuo y, en cuanto por individualidad entendemos nuestra peculiaridad más interna, última e incomparable, llegar a ser uno Mismo. Por ello se podría traducir individuación también por mismación o autorrealización. C. Jung

La autorrealización es el fin del hombre o felicidad según el eudemonismo de la ética aristotélica y ocupa el lugar más alto en la llamada Pirámide de Maslow.O desarrollar todo nuestra potencial para convertirnos en lo que somos

La Pirámide de Maslow, o jerarquía de las necesidades humanas, es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en su obra: “Una teoría sobre la motivación humana“, 1943, que posteriormente amplió. Maslow formula en su teoría una jerarquía de necesidades humanas y defiende que conforme se satisfacen las necesidades más básicas (parte inferior de la pirámide), los seres humanos desarrollan necesidades y deseos más elevados (parte superior de la pirámide).

Pirámide de Maslow: jerarquía de necesidades.

Maslow basó su estudio en las ideas de otros psicólogos, en Albert Einstein y en personas que conocía que claramente cumplían con el estándar de autorrealización. Usó los escritos y realizaciones de Einstein para ejemplificar las características de la persona autorrealizada. Encontró que todos los individuos que estudió presentaban rasgos de personalidad similares. Todos estaban «centrados en la realidad», capaces de diferenciar lo que era fraudulento de lo que era genuino. También estaban «centrados en los problemas», en el sentido de que trataban las dificultades de la vida como problemas que requerían solución.

 Cuando Maslow introdujo estas ideas, algunos no estaban preparados para entenderlas; otros le tildaron de acientífico. Algunas veces considerado como en desacuerdo con Freud y su teoría psicoanalítica, Maslow realmente posicionó su trabajo como un complemento vital al de Freud. En su libro “Toward a Psychology of Being” (1968), afirmaba: «Es como si Freud nos proporcionase la mitad enferma de la psicología y ahora debamos completarla con la mitad sana». Maslow encuentra dos facetas de la naturaleza humana, la sana y la enferma, de modo que considera que deberían existir dos caras en la psicología.

Consecuentemente, argumentaba Maslow, la forma en la que las necesidades esenciales son satisfechas es tan importante como las necesidades en sí mismas. Juntos, estos dos elementos definen la experiencia humana.

Abraham Maslow, 1908-1970, EEUU

Más allá de la rutina de la satisfacción de las necesidades, Maslow previó experiencias extraordinarias, llamadas «experiencias cumbre», que constituyen momentos de profundo amorentendimientofelicidad, o arrobamiento, durante los que la persona se siente más completa, viva, autosuficiente, e incluso como la propia continuación del mundo, más consciente de la verdad, la justicia, la armonía, la bondad, y ese tipo de sentimientos. Las personas autorrealizadas tienen muchas experiencias de este tipo.

Maslow utilizó el término «metamotivación» para describir a las personas autorrealizadas que actúan impulsadas por fuerzas innatas que están más allá de sus necesidades básicas, de tal modo que pueden explorar y alcanzar su completo potencial humano.

Es de vital importancia, mencionar que Sostrom termino los trabajos de Maslow; ya que debido a su muerte no los pudo concluir.

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“Uno puede elegir entre refugiarse en lo seguro o avanzar y crecer. El crecer debe ser elegido una y otra vez. El miedo debe ser superado una y otra vez”. Abraham Maslow

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 Enlaces relacionados:

http://es.wikipedia.org/wiki/Maslow wikipedia Abraham Maslow

http://es.wikipedia.org/wiki/Jung wikipedia Carl Jung

http://www.gestaltceres.com/SOMBRA.htm La Sombra, del libro “La enfermedad como camino”

http://www.jungba.com.ar/editorial/body_texto_editorial01.asp La sombra y su integración psicológica, Ángel Almazán de Gracia

http://en.wikipedia.org/wiki/Self-actualization autorrealización

http://es.wikipedia.org/wiki/Psicolog%C3%ADa_transpersonal wikipedia Transpersonal Psychology

http://es.wikipedia.org/wiki/Individuaci%C3%B3n wikipedia individuación

http://en.wikipedia.org/wiki/Michael_Daniels wikipedia Michael Daniels

http://www.psychicscience.org/daniels.aspx Michael Daniels web

http://about.me/MichaelDaniels sobre Michael Daniels de su web

http://fsturrion.blogspot.com.es/2009/05/michael-daniels.html blog, referencias

http://psicopag.galeon.com/la_enfermedad_como_camino.htm Lic.Alejandro Quiroga

http://www.ow11.org/docs/jung%20sombra.pdf “ENCUENTRO CON LA SOMBRA – El poder del lado oculto de la naturaleza humana“. Edición a cargo de Connie Zweig y Jeremiah Abrams

http://es.wikipedia.org/wiki/Recuerdos,_sue%C3%B1os,_pensamientos “Recuerdos, sueños, pensamientos“, autobigrafía de C.G.Jung

http://agora-revista.blogspot.com.es/2009/02/lo-que-sabe-la-sombra-entrevista-con.html entrevista a Jonh A. Sandford

http://conniezweig.com/ Connie Zweig web

http://es.wikipedia.org/wiki/Sombra_(arquetipo) wikipedia Sombra (arquetipo)

http://es.wikipedia.org/wiki/Pir%C3%A1mide_de_Maslow wikipedia Pirámide de Maslow

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Entradas de especial interés del blog (línea transpersonal):